Porque todo se vale

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lunes, 28 de enero de 2013

Arriba los chamacos!!


Muchas veces me he preguntado ¿por qué a medida que avanzamos en añitos perdemos esa habilidad hermosa que tienen los niños para decir la verdad? Esas cosas súper incomodas y molestas, que desearíamos decir en vos alta pero por cuestiones de protocolo social no nos atrevemos, llegan a carcomernos la vida entera cuanto no las podemos decir. A veces no puedo dormir pensando al respecto. O bueno, en realidad no es tan dramática la situación pero queeee bonito sería poder sacarse esas “piedritas” del zapato.   
Quiero hablar de esto hoy porque recientemente me ví en una situación de esas y perdí aproximadamente tres cuartas partes del hígado porque no pude hacer nada al respecto. La cuestión es que estaba en el brete y tenía que agarrar el ascensor del primer piso al tercero e iba un poquitín tallada de tiempo. Entro al ascensor que me lleva la trampa y resulta que tenemos que parar en el segundo piso porque 2 gordis con papas tostadas y un perro caliente en las manos (no eran gorditas con un poquito de sobrepeso, sino un nivel de obesidad 1 o 2) claramente no tenían la intensión de subir por las gradas. No solo duraron un vergo en entrar al ascensor, sino que sostuvieron las puertas para despedirse de la amiguis que estaba pasando por ahí y aparentemente no se iban a ver la jacha por los próximos 20 años. En ese momento me hubiera encantado decirles algo como “¿gordis  por qué no se terminan las papitas mientras suben las gradas a ver si queman un 2% de las calorías que se están comiendo y me dejan a mí volver a mi oficina algún día en la vida? gracias”
El problema en una situación como esa es que hay ciertas “reacciones” consideradas políticamente incorrectas, más que todo por cuestiones morales. Si lo vemos desde una perspectiva un poco fría (objetiva), no hay nada extraño en ver a una persona con sobrepeso comiendo comida chatarra y usando el ascensor para subir UN (1) piso y pensar “por eso estás así”. No tiene nada de malo porque es verdad. Lo que pasa es que si alguien se da el lujo de pensar eso en vos alta, queda como el culo más hijueputa e insensible de la historia. Y quiero aclarar, no tengo en lo absoluto ningún problema con eso. Cada quien hace de su culo una flor de ayote, dice un compa, y respeto el estilo de vida que cada persona quiera llevar. Mi punto es que si yo tuviera 6 años y estuviera en ese ascensor, probablemente no hubiera tenido problema en “reaccionar” contra las muchachas.
Otro ejemplo: La gente que se sube a un bus y no le da la gana caminar hasta el final y hacer la hijueputa doble fila que siempre pide el chofersh! Yo puedo entender una mama que se sube con la cría y ella no consigue campo y no quiere dejarla sola, pero una hijueputa puberta que no camina para poder seguir hablando mierda de carácter colegial con la amiga que se sento adelante???? Y ojalá uno de mamatucas viajando con una pata en la grada y la otra en el hombro del chofer. .. Anda caga mierdosa! A ella le decimos “¿Le pesa mucho el culo mamita o es que no se puede despegar de la teta de la amiga? Mueva mueva que se apelota!!” 
Y así, los dioses del Olimpo nos mandan…pruebas (¿pruebas?) todos los días. Yo personalmente tengo una estrategia. Mido el nivel de sensibilidad de la persona o de la situación. Si es un caso delicado, cierro la jeta, me llevo un colerón y lo resuelvo con café. Si no es tan grave, recurro al sarcasmo (conocidísimo como facilitador de mil verdades e insolencias) y le doy a los dioses su merecido LOL ;)

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